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Entrevista a Don Luis de Lezama

Por Ana Belén Toribio
Fotos: Gastroystyle

El talento es un rasgo de su inquieta y voluntariosa personalidad

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PERFIL

Nació en Amurrio (Álava) un mes antes de empezar la guerra civil española y se formó en los jesuitas de Bilbao. Comienza estudiando ingeniería, pero pronto ve que lo suyo es el periodismo y se licencia en la Universidad Complutense de Madrid en 1976. Diplomado en Dirección y Planificación por la Escuela de Hostelería de Lausanne (Suiza) en 1982. Fundador del restaurante la Taberna del Alabardero (Grupo Lezama), y uno de los precursores de la cadena COPE (con un Ondas en 1972 al mejor programa religioso). Desde 2008 está sumergido en un proyecto educativo de uno de los 50 colegios más innovadores del mundo, entre ellos el Colegio Santa María La Blanca, por el que le acaban de otorgar un premio.

Luis de Lezama Barañano es un hombre muy importante, dentro y fuera de España. Su curriculum es largo e impresionante. Intenso, centrado, creativo como pocos.

Sus fortalezas van desde el sacerdocio, hasta su faceta como empresario hostelero y escritor. Es un líder nato y destaca en cada una de las facetas en las que se involucra.

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Pienso que es una persona virtuosa que no se conforma con alcanzar la virtud sino que aspira a la excelencia. Le acaban de otorgar el Premio Madrid Excelente al Colegio Santa María La Blanca y que ha recogido Don Luis de Lezama en persona.

Es un hombre culto, sosegado, templado. Su mirada denota inteligencia y exigencia. Ha vivido mucho, como sacerdote y como periodista, y sus canas, perfectamente peinadas, atesoran las vivencias de años inquietos y convulsos, de guerras y batallas. Es un emprendedor nato; un empresario sobresaliente y tenaz que es fiel al dicho de que “quien la sigue, la consigue”.

Le gusta ayudar a los demás, pero sobre todo, formarlos y enriquecerlos. Ama a Dios y al prójimo por encima de todas las cosas y siempre se identifica como sacerdote.

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Comenzamos la entrevista:

Gastroystyle: ¿De dónde saca tiempo para hacer tanto como hace y hacerlo tan bien?

Don Luis de Lezama: Bueno, no he dormido mucho a lo largo de los 82 años, pero me da tiempo, sobre todo, a perderme de vez en cuando, encerrarme o estar en solitario para que fluyan las ideas que la vida, día a día, te va dando. Entonces, yo creo que la meditación, la oración (para quien quiera llamarla así), es una introspección importante para el ser humano y que le enriquece.

G.S.: ¿No cree que con este ritmo de vida tan loco que llevamos, se ha perdido esa parte del párate, huele las flores, medita lo que quieres hacer… ¿Cómo lo ve Ud.?

Don Luis de Lezama: La vida social y profesional, ejecutiva de hoy, exige mucho más dinamismo, pero también te está pidiendo a veces soledad, intimidad, interioridad y de ahí viene que mucha gente necesite hacer meditación, necesite reflexionar, para que el cuerpo y la mente se interrelacionen y estén sosegados. Hay cada vez más necesidad del silencio.

G.S.: ¿Hay mucho ruido tal vez?

Don Luis de Lezama: Hay mucho ruido, por eso se toman decisiones mucho más rápidas y no meditadas. Antes, te formaban en las facultades o en las escuelas de negocios, para tener unos códigos de comportamiento y hoy, la formación en valores y el estilo de vida hace que uno tenga que tomar decisiones inmediatamente. Todos los días, ante el director o ante el gobernante o ante el político, en la mesa sobreviene el caos y el caos, exige decisiones con criterios y valores contundentes y rápidas.

G.S.: Vamos a volver al mundo de la gastronomía. ¿Cuáles fueron sus inicios?

Don Luis de Lezama: Bueno, yo empecé por una necesidad, primero en Chinchón con los jóvenes que querían salir de esa especie de rutina, del anonimato, de la carencia de trabajo dentro del pueblo, porque todos se venían a Madrid, buscaban en Madrid el trabajo, y luego, volvían temporalmente al pueblo. Entonces, me preocupé mucho de crear en Chinchón una conciencia de que el propio pueblo tenía la solución a sus inquietudes. Ahí nacieron cosas como la Cooperativa del Vino, la almazara y la unión de los regantes para convertir el pueblo en un atractivo turístico para Madrid. Se abrieron los primeros restaurantes, en los cuales me ayudó Cándido, el viejo Cándido que venía entre semana a Chinchón con su coche desde Segovia, para enseñar a los jóvenes de mi parroquia, a asar y a preparar las brasas y hacer el cordero y el cochinillo al estilo de Sigüenza. Porque Chinchón era mucho más de Sigüenza que manchega.  La influencia social de Chinchón partía de Segovia más que de La Mancha. Sin embargo, ya los pueblos más allá de Chinchón, son más manchegos… En Chinchón se conservaba un poco ese señorío de Segovia, esa virtud de ser capitalino sin serlo, ese estilo de acogida y al mismo tiempo, esa clase que hace de los “chinchonetes” personas que abren su casa a los demás.

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G.S.: Aparte de la gastronomía ¿cuáles son sus grandes pasiones y sus grandes inquietudes?

Don Luis de Lezama: Mi inquietud más importante parte, evidentemente, del hecho  de que soy cura, soy sacerdote y lo soy por encima de todo lo demás. Estoy absolutamente convencido de mi vocación, aunque no sea un modelo de sacerdocio, y haya roto un poco los moldes, porque como decía el Cardenal Tarancón al cual servía y ayudé durante una época importante para este país, me decía, “tu eres atípico”. Pero la vocación sacerdotal nace de sentirte preñado por el Evangelio de Jesús. Y esto es lo más importante. Luego, las demás cosas son accesorias. El sentido que tiene el Evangelio, el sentido que tiene la fraternidad universal, el sentido que tiene preocuparte por los demás, y el conocimiento de Dios hecho hombre, te capta para toda la vida. Y luego, a eso le vas añadiendo otras facetas derivadas de tus habilidades… La habilidad que Dios te da de poder pensar, escribir, hablar… La habilidad de conocer en cierta forma las inquietudes de los demás, a través de la psicología, o la habilidad de poder dibujar, pensar y enseñar algo innovador que es lo más bello que puede tener el hombre… La innovación continua.

G.S.: O sea que ha sido una manifestación de esa frase que dice que “quien a Dios tiene nada le falta…”

Don Luis de Lezama: Es evidente. Lo que pasa es que muchas veces hacemos una caricatura de Dios los mismos curas y el Dios del Evangelio se dibuja por sí mismo. Entonces, muchas veces no tienes más que ver cómo la librerías religiosas están atiborradas (de libros) hablando de Jesús, de Dios, de ideología…  Y luego, todo se reduce a cuatro evangelios, y a un pequeño, un montoncito de palabras que son las más significativas y las que encierran todas las demás, de las cuales, muchas veces, usurpamos la interpretación los propios sacerdotes.

G.S.: ¿En qué momento decidió que quería ser sacerdote y en qué momento decidió que quería ser periodista?

Don Luis de Lezama: Decidí que quería ser sacerdote cuando estaba estudiando con los jesuitas ingeniería, en el primer año de ICAI… Me di cuenta que ese no era mi mundo y quería tener un mundo más apasionado… si cabe más bohemio, porque es un mundo bohemio, el de la espiritualidad es un mundo bohemio. Y luego, en el transcurso de los estudios de Teología y cuando acabé pensé que los estudios de Periodismo me iban a dar una gran facilidad para poder comunicar a los demás el Evangelio.

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G.S.: ¿Y fue así?

Don Luis de Lezama: Sí. Durante ocho años hice la Escuela de Periodismo y luego fui a la Facultad. Las dos cosas. E hice imagen porque el mundo del cine, de la radio de la televisión. De hecho, fui uno de los que fundó COPE, donde trabajé ocho años y ocho años en Televisión Española.

G.S.: Cambiando un poco de tercio, ¿se acuerda cuál fue el primer vino que tomó?

Don Luis de Lezama: Seguramente, fue el vino que provenía de La Rioja, y que como cosechero se bebía en casa. En mi casa no faltaba el vino, aunque a veces faltaba el pan… La posguerra fue muy difícil. Yo soy de Amurrio y la Alhóndiga fue un sitio donde, habitualmente, se visitaba para recoger las garrafitas aquellas que venían de La Rioja; eran cosecheros de La Rioja…

G.S.: ¿A quién considera su gran maestro por un lado en el mundo sacerdotal y, por otro lado, en el mundo gastronómico?

Don Luis de Lezama: En el mundo sacerdotal el gran maestro fue el Cardenal Tarancón, que nos hizo vivir el nacimiento de la democracia y fue memorable para la Iglesia. Él fue el gran mentor en un sentido nuevo y distinto de lo que la iglesia española tenía que hacer en unos momentos tan difíciles. Yo le admiraba. Y en el mundo gastronómico, Rodoaldo Cortés sin género de dudas, creador de Jockey de Club 31. Fue para mí un amigo, un compañero. Parecía muchas veces mi padre dándome consejos de lo que es un restaurante y de lo que no debe ser.

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G.S.: Díganos cuál es lo mejor de su trabajo Don Luis

Don Luis de Lezama:  Gracias a haber sido tabernero he roto las distancias y he convertido la barra  de la Taberna del Alabardero en un lugar de confidencias…

G.S.: ¿Qué actitud tiene que tener un buen gastrónomo y un buen sacerdote?

Don Luis de Lezama: El gastrónomo no es un comilón… es un degustador, y a los alumnos les digo que no se puede tragar vino,… hay que beberlo. Y en la comida conviene mantener limpio el desarrollo de tus sentidos, que es lo más maravilloso que tiene el hombre. La gastronomía hoy, alimenta el espíritu. Los platos son elaboraciones intelectuales, necesitamos escuchar, degustar, oír, oler… percibir la textura de las cosas. Ni más, ni menos… es evidente que es importante ese sentido de la reflexión, algo que me enseñó Alain Chapel (al lado de Lyon) porque, en realidad, el cerebro de la “nouvelle cuisine” fue Alain Chapel y de él aprendieron incluso Paul Bocusse y todos los demás.

G.S.: ¿Por qué decidió optar por la gastronomía y no por otro sector?

Don Luis de Lezama: En 1974 un par de amigos  abrieron La Taberna del Alabardero para los 16 muchachos que vivían en el albergue. Y me encontré de la noche a la mañana teniendo que hacer de maître, cosa que yo no sabía. Fue una solución para poder vivir en el albergue de los jóvenes donde trabajábamos, ahí tuve que aprender. Por eso en el año 1978 me fui a Lausanne e hice un curso de Planificación y Desarrollo de la Hostelería.

G.S.: ¿Qué cree que le hace diferente de otros restauradores?

Don Luis de Lezama: Estoy encantado de haber vivido los inicios de una asociación como era AMER en la que tuve compañeros tan ilustres como Lucio, Miguel de La Trainera, Luis Eduardo Cortés. Y todos ellos nos agrupamos ante la necesidad de crear una asociación madrileña de restaurantes. Me siento muy feliz porque ellos crearon, en un sentido, la fraternidad y la familia y, sobre todo, me enseñaron muchas cosas. No eran competidores, eran amigos. Y siempre hemos conservado esa amistad. Se acaba de morir Pedro Galindo, toda una institución, que nos ayudó muchísimo en la restauración madrileña y española.

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G.S.: ¿Considera que en España hay buenos chefs?

Don Luis de Lezama: En España se ha generado una inquietud por la cocina que antes no existía. El rincón debajo de la escalera era la cocina de muchos importantes restaurantes. El valor de la cocina ha ido tomando auge y criterio y los chefs, de ser unos muchachos trabajadores y aguerridos, han pasado a ser intelectuales… Este ha sido todo un proceso en el que nos ayudó mucho la creación de la revista Gourmet de Paco López Canis y todo el equipo; hay que agradecer lo que fue… Encendió la llama en nosotros en aquellas primeras reuniones de San Sebastián, de San Feliú de Grisols, de Madrid, de Marbella… Ahí nació la “nouvelle cuisine” española.

G.S.: ¿De qué país son sus chefs preferidos?

Don Luis de Lezama: Evidentemente, Francia. Mi cultura siempre ha sido la gastronomía vasco-francesa, vasco-española por supuesto, pero creo que en Francia existe la gramática de la gastronomía, de la cual los españoles hemos aprendido mucho. Lo que pasa es que en España, la diversidad de nuestra propia cultura, el paso de las diferentes culturas, ha dejado muchas huellas y la huella andalusí es, tan fuerte, tan importante, que nos enseñó de un modo distinto el uso de productos diferentes. Y luego, la inevitable puerta del Nuevo Mundo era Sevilla. Y creo que esa puerta, por donde entraron tantos productos, tantas novedades en la gastronomía le hemos sabido enriquecer porque del Nuevo Mundo vino el tomate, pero hay que ver qué tomates tenemos, nos vino el cacao, el chocolate, que luego se extendieron hacia el norte de Europa, y que quizá cobren la firmeza y la regularidad de los franceses, que hicieron más elaboración que nosotros. Y los chocolateros franceses triunfan en el mundo.

G.S.: ¿A qué plato le guarda más cariño?

Don Luis de Lezama: A la merluza en salsa verde, porque le vi a Juan Pablo II comer merluza en salsa verde, la primera vez que vino y luego, la repetía siempre que venía.

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G.S.: ¿Quién es para Ud. su mejor chef y cómo le conoció?

Don Luis de Lezama: En estos momentos, no puedo hablar del mejor chef porque se me enfadarían 4.800 alumnos. Pero si que admiro a Angel León, porque le he visto de alumno en la Escuela de Hostelería nuestra de Sevilla, porque le he dado clase, y nunca pensé que haría el desarrollo que está haciendo. Le admiro.

G.S.: ¿Por qué cree que la gastronomía española ha tardado tanto en ser reconocida?

Don Luis de Lezama: Como consecuencia de la Guerra Civil  España tuvo muchos años de carencias, muchos años de una austeridad necesaria y de cocina de supervivencia. Por eso, el desarrollo de los platos de cuchara.

Luego, la apertura de nuestra cultura y la mirada sin recelo a la gastronomía de árabes, de judíos y  el encuentro de las civilizaciones  hicieron fluir  el tránsito de nuestro aceite y de las magníficas realizaciones que se han visto. Son los ríos y las costas los que abren España al mundo.

G.S.: ¿Cuál cree que será su mayor aportación al mundo de la hostelería?

Don Luis de Lezama: El factor humano. El capital humano, es lo más importante. España no es una potencia industrial sino a través del factor humano. La riqueza del factor humano, que no se debe desgarrar por las diferencias de  raza, sino por la persistencia de la autenticidad y de los valores. En España el talento se crea con pasión y con imaginación.

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G.S.: ¿Por qué cree que la alta cocina es tan exclusiva?

Don Luis de Lezama: No creo que la alta cocina sea muy exclusiva. Yo creo que la alta cocina es una expresión, que parte mucho más de la interioridad y del alma, que de la materialidad de los productos. Es una interpretación intelectual.

G.S.: ¿Cuál es el mejor concepto que ha defendido durante su trayectoria profesional para llegar a ser de las personalidades más famosas dentro del mundo de la gastronomía y de la hostelería?

Don Luis de Lezama: Yo creo que influyó mucho mi madre, que era una señora muy curiosa y sabía muy bien relacionarse con la gente. En la postguerra civil en Bilbao, independientemente de sus ideas religiosas y políticas, se hablaba con todo el mundo. Tenía carisma. Y siempre me aconsejaba, “conserva siempre los amigos aunque haya diferencias políticas o religiosas. Son tus amigos y algún día tú vas a necesitar de ellos”.

G.S.: ¿Qué plato cree que no debió elaborarse nunca?

Don Luis de Lezama: No sé.

G.S.: ¿Tiene algún secreto como comunicador?

Don Luis de Lezama: Siempre el consejo de mirar a la gente a la cara y no bajar los ojos. Mirar de frente. Y no salir en televisión con gafas negras. Los ojos son la expresión del alma. En el seminario, había un profesor de moral, al que llamábamos “Tacete”, que decía “cuando habléis con las señoras miradlas siempre a los ojos. No bajéis la mirada”.

G.S: ¿Hay algún famoso que le haya sorprendido por algo?

Don Luis de Lezama: Por su constancia, Julio Iglesias a quien conocí con 21 años, diciendo que iba a ser cantante porque había fracasado en el fútbol, no me lo imaginaba que iba a llegar donde ha llegado. O el tesón y la paciencia de Plácido Domingo. Son dos personas con un tesón especial. Trabajan no por dinero sino por vocación.

G.S.: ¿Qué cambios ha visto en los clientes de sus restaurantes a lo largo de su etapa?

Don Luis de Lezama: Me asombra y me asusta cómo vienen los nietos de mis clientes a presentarme a sus parejas o a celebrar un encuentro, una boda, o noviazgo… Digo… es imposible yo sea el amigo del abuelito tuyo. Eso me impresiona.

G. S.: Cuéntenos alguna anécdota que le haya ocurrido en sus restaurantes.

Don Luis de Lezama: Una de las muchas noches que José Bergamín entraba en la Taberna del Alarbadero, se posicionaba en la mesa 11 y decía: no me importa lo que voy a hacer, lo que me importa es la compañía que hoy voy a tener. Y de repente aparecía, Rafael Alberti,  Ernesto Jiménez Caballero, Borges, Antonio Ordóñez, El Estudiante, Gabriel Celaya… No me importa lo que vamos a cenar lo importante es la compañía y este rincón. El día que venía El Estudiante para él era una fiesta. Y Bergamín tenía una frase que está ahí  en  la Taberna, que siempre me ha ilusionado: “En España todo lo que no es pueblo es ignorancia”.

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G.S.: ¿Cuál considera que es el maridaje perfecto entre cocina y vino?

Don Luis de Lezama: Me encantaba cuando mi abuela, en Bilbao, en aquellos tiempos de carencia, tenía como un tesoro hacer un buen caldo, y sacaba no sé de dónde ni cómo porque no teníamos nada, una botellita de Tío Pepe y decía:  vamos a echarla unas gotitas que sabe mucho… Ese es el mejor maridaje: el caldo de puchero con el Tío Pepe.

G.S.: ¿Cuál es su ingrediente preferido en la cocina?

Don Luis de Lezama:  Me gusta el ajo. Es inevitable.

G.S.: ¿Ud. cocina?

Don Luis de Lezama: No. Soy un desastre.

G.S.: ¿Le gusta escuchar música cuando cocina o bebe vino?

Don Luis de Lezama: A veces sí, sobre todo, cuando estoy viendo el mar, por ejemplo, un palo cortado en la Bahía de Casares y al fondo, Gibraltar…

G.S.: ¿Qué hace en su tiempo libre Don Luis si es que lo tiene?

Don Luis de Lezama: Generalmente, me gusta disfrutar de alguna buena película. Ayer me escapé a ver el Ballet Nacional que me encantó con Juan Carlos Martínez y una pieza de Nacho Duato.

G.S.: ¿Sitios donde la gusta comer en Madrid y fuera?

Don Luis de Lezama: La Taberna del Alabardero en Madrid. Generalmente, sitios muy sencillos. En Washington, me gusta mucho un local con un cocinero italiano, Lamar, y Fabio Traboqui . Y en el País Vasco me gusta mucho ir a Baquio, a Eneperi Jatetxea, y comer un buen besugo.

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G.S.: ¿Hacia donde va la gastronomía española?

Don Luis de Lezama: En este momento tenemos un camino confuso y complicado. Las tapas han apoyado la difusión de la gastronomía española pero han mermado la creatividad en torno al menú serio. Y luego tenemos un peligro que es la latinización de la cocina española. Hay mucha influencia latinoamericana en los cocineros porque hay mucho más género latinoamericano. Estamos en estos momentos en un peligro de que nos puedan los ceviches, nos puedan las arepas, las causas, nos pueda la cultura del huacamole y la cultura del maíz. Estos peligros necesitan un equilibrio porque la industrialización de la restauración está caminando mucho más fácil y mucho más boyante, por la influencia latinoamericana que es baja en costes y evita tener que hacer esas básicas elaboraciones, el fumé de carne, el fumé de pescado, suquet, etc… Ahí  hay que tener cuidado. Yo fui a Washington hace 20 años, creé La Taberna del Alabardero, precisamente porque estábamos preocupados porque en Norteamérica no se conoce, y se sigue sin conocer, la verdadera cocina española. Esa fusión con lo latino, con lo italiano, no la comparto. Estamos trabajando por mantener seriamente el bloque de la gastronomía española. Por ejemplo, tú no encuentras en todo Madrid un lugar donde comer una alcachofa a la judía y es una esencia de la comida española, de la época sefardí en España. Te tienes que ir a algún lugar de Roma o Italia para encontrar la elaboración de la alcachofa a la judía. Hemos resucitado el salmorejo que estaba perdido, pero tenemos que tener cuidado porque los gazpachos de fresas y de cerezas no son gazpachos.  Y ahí hay que distinguir la creatividad  y el clasicismo que no debe desaparecer.

G.S.: Algún libro de gastronomía para recomendar?

Don Luis de Lezama: “La cocina andaluza un arte de vivir del siglo XIII al XVIII ” de Lucía Boles  y otro, “Tratado de las naranjas”, de don Gregorio Marañón. Maravilloso.

G.S.: ¿Y de sus libros cual es el que más le gusta?

Don Luis de Lezama: El Capitán del Arriluze porque es un poco la historia de una parte de España que no debemos de perder.

G.S.: ¿Tiene una añada de vinos predilecta?

Don Luis de Lezama:  No. Pasé de la ilusión de la maravillosa añada del 70.

G.S.: ¿Algún consejo para los cocineros que empiezan?

Don Luis de Lezama: Que no tengan prisa. El arte de la cocina está reñido con la prisa.

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G.S.: ¿Hacia dónde apuntan las nuevas tendencias en la gastronomía?

Don Luis de Lezama: Se están reivindicando las verduras porque la gente empieza a descubrir que hay algo más que la lechuga y el tomate.

G.S.: ¿Crees que la cocina se está volviendo más tecnológica o se está reivindicando la materia prima.

Don Luis de Lezama: Yo creo que se está volviendo a la materia prima y observo con gran alegría, que La Taberna del Alabardero de Madrid, tiene una huerta en Aranjuez que cultivan chefs y cocineros; todos los días traen las verduras y las exponen en la taberna y las guisan. Esa tendencia es muy buena. La Escuela de Hostelería de Sevilla ha creado  sus propios huertos y están cosechando sus verduras: acelgas, lechugas, etc.

G.S.: ¿Cuáles son los gustos actuales de los consumidores?

Don Luis de Lezama: Creo que hay mucho sensacionalismo y se están mirando los gustos de la televisión con los programas que crean falsas imágenes. Un chef no es lo que sale en la televisión. Los alumnos se quejan de estos programas.

G.S.: ¿Qué opinión tiene de la armonización en la cocina?

Don Luis de Lezama:  Creo que es importante. No se puede tomar ciertos vinos con las alcachofas. – Le indico que sí un amontillado o palo cortado y se ríe-. No enmascarar.

G.S.: ¿Cual es el plato más de moda y el que más se consume?

Don Luis de Lezama: El rabo de toro pero no entiendo porqué.

G.S.: ¿La climatología influye mucho en la gastronomía?

Don Luis de Lezama: Totalmente.

G.S.: ¿Cómo tiene que ser el plato perfecto para usted?

Don Luis de Lezama: Pues yo creo que hay que seguir las normas que plasma Paul Bocusse en la cocina de mercado. El prólogo de este libro es lo mejor. En realidad obedece a las ideas de Alain Chapel. Primero el producto, solo el producto, prioritariamente el producto y ni muchos menos son lo importante las guarniciones. Las guarniciones deben enriquecer el producto. La textura: cocciones lentas, arrebatos, el mestizaje…

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G.S.: ¿Cuáles son sus nuevos proyectos?

Don Luis de Lezama: Me han nombrado Presidente de la Federación de Escuelas de Hostelería. La formación hostelera se ha depreciado y se ha politizado mucho y en cambio en otros países se ha utilizado bien el dinero.

En el Colegio de Santa María La Blanca donde el interés en el diagnóstico del alumno manda sobre la excelencia del profesor.

Acuerdo con Alain Ducasse para volver a formar aprendices por intercambio y lo de China que estoy muy sorprendido porque estamos abriendo camino.

G.S.: ¿Hay alguna pregunta que siempre quiso que algún periodista le plantease y nunca le hicieron?

Don Luis de Lezama: No, será porque tengo fe. Fe en todo. El ser humano tiene que ser transcendente; si no voy más allá de esta vida, si no existiera Dios sería un fraude y me abrían engañado.

Estamos en una generación cambiante. Hay una brecha digital que separa una generación de la otra. Los niños traen un alfabeto de dedo que escriben sin vocales ni consonantes. Luego, les tenemos que enseñar lengua y literatura. La educación tiene que tener como base el crear emociones, porque solamente aprendes lo que te gusta, lo que no te gusta, no lo aprendes; pero, en ocasiones, se han sobrevalorado las emociones por encima de las razones.

 

 

 

 

 

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