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La globalización en la viticultura

Texto: José Antonio Rupérez Caño. Presidente del Centro Riojano de Madrid.
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Vitis

 Vinífera es el nombre científico que recibe la especie de la vid

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 “Pero realmente, ¿cuántas variedades de uva existen en el mundo? No es fácil de definir, pero su número puede rondar las 10.000 catalogadas, una cifra sin duda muy elevada que denota la magnitud y complejidad de esta especie.

A pesar de existir este elevado número, gracias a la facilidad de mutación de esta planta con el paso de los años y que pone de manifiesto el importante acervo genético de la especie, en el mundo se elabora vino con un número menor de ellas. En España, por ejemplo, aproximadamente 10 variedades de las 235 existentes suponen el 80 % del terreno cultivado. Esto no ha sido siempre así, ya que originalmente se han cultivado un gran número de variedades de uva autóctona, propias de un lugar que expresan lo que conocemos como terroir, que en muchos casos y con el transcurrir de los años han ido quedando arrinconadas.

El concepto de globalización es una realidad que ha ido aconteciendo en diferentes planos, como son el económico, el tecnológico, el cultural o social, dominada por una comercialización de bienes, servicios y de un importante flujo financiero entre los distintos países del mundo, y donde las telecomunicaciones y los sistemas de la información han sido factores clave para su consecución. Es un claro síntoma del avance de una sociedad. Esta globalización ha afectado a un gran número de sectores, no quedando exenta de la misma, no ya en si el sector del comercio del vino, sino el de la viticultura.

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Viñedo en Rioja: Este acercamiento de variedades de uva establecidas en unas regiones del mundo a otras muy distantes, ha tenido efectos desiguales, repercutiendo en que las originarias de un terreno se hayan convertido en algunos casos en variedades minoritarias e incluso extintas, en detrimento de las foráneas.

En España de una manera gradual se han ido incorporando y aceptando variedades procedentes y típicas de otros países como puedan ser Francia o Alemania, generándose opiniones muy diversas al respecto. Defensores y detractores han sostenido sus posturas, esgrimiendo los primeros que la introducción de estas variedades supone, entre otros argumentos, una oportunidad única para consolidar una industria vitivinícola potente y generadora de riqueza, que permita, a su vez, la exportación de estos vinos internacionales a cualquier rincón del planeta dada su alto reconocimiento. De esta forma, en los vinos de distintas regiones españolasse han ido admitiendo en las legislaciones de los consejos reguladores variedades tales como la Chardonnay, Viognier, Gewürztraminer, Riesling, Sauvignon blanc, Petit Verdot, Pinot Noir o Merlot entre otras.

Con todo esto, conseguimos vinos más ‘comerciales’ o más estandarizados, que siguen un mismo patrón. Se puede elaborar un buen Pinot Noir en España, o un Viognier, pero seguramente no lo sea tanto como el que se produce en la Borgoña francesa o en el Valle del Ródano, donde la tipicidad está marcada por muchos años de evolución y de asentamiento a un lugar, características que crean un todo, donde clima, suelo y vid interaccionan para dar lo mejor de esta conjunción.

Viñedo Rias Baixas, Meis, Pontevedra

Viñedo Rias Baixas, Meis, Pontevedra

Por otra parte, estos vinos de carácter foráneo en España, son demandados por su amplia popularidad internacional, no siendo en la mayoría de los casos necesario crear una marca fuerte de producto para conseguir una buena implantación o penetración en el mercado, ya que ésta lo proporciona la variedad: el consumidor pide un chardonnay, un merlot o un riesling. Es tanta la fuerza de ventas que confiere la variedad en estos casos, que la globalización va más allá, adentrándose incluso en el campo de la psicología, en aspectos tales como es la vinculación a un cierto estatus que confiere degustar un vino francés por ejemplo, la elegancia que otorgan sus nombres o la seducción y suavidad de sus sonidos al pronunciarse, aspectos que hacen de detonante para que el cliente se decante hacia su consumo.

La pregunta que circunda este tema es si miramos al mercado, escuchamos los destellos de una globalización o por el contrario tratamos de ponernos más sentimentales tratando de mantener la autenticidad de un territorio, la historia de un cultivo, preservando las variedades que originalmente se dan en él. El experto consumidor busca emocionarse con un vino, trata de encontrar la sorpresa, la novedad que supone una variedad no ampliamente conocida y distribuida, ya que es ahí donde descubrirá la exclusividad.

Y es que la grandeza de un vino radica no sólo en sus aromas y sabores, sino en el terreno y factores ambientales que lo comprenden, así como en las peculiaridades de su proceso de obtención, creándose una personalidad única de toda esa combinación.

Viñedo en Sierra de Tramuntana, Mallorca

Viñedo en Sierra de Tramuntana, Mallorca

Encontrar la adaptación de los viñedos a un territorio no ha sido labor de un día. Ya lo decía Darwin en su tratado sobre el Origen de las Especies de 1.859 cuando trataba el concepto de adaptación al medio en palabras como: ‘quien se adapte mejor será el elegido’, y gracias al cual, una especie va depurándose, se va modificando y en definitiva mejora hasta alcanzar la perfección estructural gracias a años de evolución con el medio que lo rodea. En el viñedo, una variedad foránea en un territorio nuevo, necesita ese largo periodo de adaptación para sacar y obtener lo mejor de sí. Las variedades autóctonas reflejan esa evolución de la que en su día hablaba Darwin, habiendo estado sujetas a múltiples factores como son las inestabilidades de carácter ecológico, variaciones climatológicas o incluso desastres naturales.

Desde un punto de vista biológico, los viñedos originales de un terreno han sido un claro ejemplo de selección natural al medio y de adaptación evolutiva para conseguir a posteriori, en los vinos que se elaboren, obtener y poder apreciar la máxima expresión de ese entorno.

El paso del tiempo dirá si la originalidad con la que se concibió la viticultura en su concepción va ganando terreno frente a la estandarización de los vinos que supuso la globalización en este sector, y de esta forma poder mantener el importante patrimonio varietal existente, que es sinónimo de riqueza, cultura e identidad de un territorio.

Transcripción del texto original publicado en: http://entreletras.eu/index.php/temas/455-la-globalizacion-en-la-viticultura.html

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